Hoy voy a poner en subasta ( vía interneter) mi gran colección de clavos doblados.
¿Por qué? Me preguntaron.
¿Por qué? Replique estúpidamente, y dije: porque siento que debo hacer algo por el prójimo, no se, me resulta incomodo ver a tantas personas sufriendo, corriendo, tratando de hacer algo y sin saber qué, ni para qué. Que se yo.
Concluí la respuesta de una manera igual de estúpida como la empecé.
Luego de un silencio y algunas miradas un tanto burlonas y un toque de extrañez, alguien del fondo pregunto algo que jamás habría imaginado:
¿Por qué alguien juntaría y coleccionaría clavos doblados?
Atónito por la pregunta , que me pareció atrevida e ingenua, dije a la multitud: he trabajado la madera durante mis últimos cincuenta años, y en las paginas amarillas de la guía soy quien tiene el aviso más fácil de reconocer y el más consultado en la web, según me dijeron en un mail.
Pero cuando era un niño fui aprendiz de carpintero y mi maestro fue precisamente mi abuelo, un día, jamás voy a olvidarlo, arme la primer silla en cedro de mi vida, y entre los nervios y la falta de madurez, torcí catorce clavos con el martillo, cuando mi abuelo se acerco a ver como iba con la silla, yo con un par de lagrimas y la voz quebrada le contaba que era imposible clavar los clavos en esa madera.
El con su mano agarro mi cabeza, como a un sapito perdido en el el living, y me dijo:
“Hijo… en la vida vas a torcer muchos clavos, a otros los vas a perder, unos tantos tendrás que desclavar, pero lo realmente importante es que entiendas que cuando hay que clavar, hay que clavar y no debes descansar hasta lograrlo.”
Bueno, y desde entonces he guardado cada uno de los clavos que no pude clavar, para no olvidar aquella enseñanza de mi maestro.
Solo quería decirles que en www.subastomicolecciondeclavosdoblados.rogelio.com pueden ofrecer lo que quieran por la colección.







